La solución a la crisis: ¿el consumo?

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El otro día escuchaba en la radio del coche a un ilustre profesor de una afamada escuela de negocios decir que para salir de la crisis sólo hacía falta que unos cientos de miles de mujeres usaran su tarjeta de crédito, es decir, que nos lanzáramos al consumo. Para añadir después que también las empresas deberían invertir más y la banca dar más crédito y, de esta manera, la crisis será historia. Y tiene razón el ilustre profesor, igual que tiene razón el que diga que la solución para un enfermo de cáncer es que desaparezca el cáncer. Si es tan sencillo, ¿por qué seguimos empeñados en estar en crisis?. Analicemos.

Las familias no se lanzan a consumir por las siguientes razones:

–  Endeudamiento: En los años anteriores a la crisis, como antes de casi todas las crisis, el crédito fluía y los tipos de interés eran bajos, y las familias se endeudaron para adquirir viviendas, automóviles y

Deuda por grupos como % PIB y coste financiación del Estado

otros bienes de consumo. El endeudamiento no es otra cosa que traer consumo del futuro al presente, con lo que si los ingresos se mantienen constantes, en el futuro se consumirá menos. El futuro es ahora, casualmente en la crisis. Como podemos ver en el gráfico, los niveles de deuda de las familias y de las empresas alcanzaron su máximo en 2009. Esa deuda hay que pagarla y, por tanto, es difícil que aumente el consumo.

Desempleo: Pero es que para muchas familias el ingreso no se ha mantenido constante, sino que si alguno o todos los miembros están en situación de desempleo, el ingreso ha descendido dramáticamente y por tanto el consumo.

Expectativas: Por otro lado, la expectativas que tienen actualmente muchos empleados que ven que pueden perder su empleo tampoco favorece el crecimiento del consumo, ya que un comportamiento racional es que ahorren por si se produce dicha contingencia.

Tipos de interés: Los tipos de interés en la zona euro están subiendo, en un país en el que las mayoría de las hipotecas se firman a tipo de interés variable implica que la carga financiera de las familias aumentará y menor porcentaje de su renta disponible podrá utilizar para el consumo.

Inflación: El repunte de la inflación, fundamentalmente debido al incremento del precio de los carburantes y de los alimentos, hace que el poder adquisitivo de las familias sea menor y tampoco favorece que el consumo aumente.

Disminución del valor del patrimonio: El precio de la vivienda está bajando con lo que el valor del  patrimonio de las familias es menor esto implica que por un lado, la percepción de su riqueza disminuya y ajustarán más su consumo, y por otro lado su capacidad de endeudamiento disminuye.

Las empresas no invierten por:

Demanda:  Por todas las razones anteriores, el consumo no aumenta, con lo que los ingresos de las empresas no se incrementan, las inversiones de años anteriores no se están rentabilizando y difícilmente acometerán nuevos proyectos cuando muchas de ella no pueden financiar ni el circulante y están al borde de la suspensión de pagos o de la quiebra.

Financiación: No consiguen crédito, unas empresas por su alto nivel de apalancamiento, es decir, de endeudamiento y otras porque no fluye el crédito desde las entidades financieras.

Tipos de interés: La subida de tipos de interés incrementará aún más la carga financiera de muchas empresas, y por otro lado hará que muchos proyectos de inversión dejen de ser rentables. Esto es, si la empresa tiene un proyecto con un riesgo determinado que da una rentabilidad determinada y suben los tipos interés, no solo aumenta la carga financiera del proyecto, sino que hay otras alternativas a dicho proyecto quizá más atractivas, por ejemplo, comprar un bono del estado con menor riesgo (ya no se puede decir que la deuda pública no tenga riesgo) y con una rentabilidad similar. Con esta premisa, las empresas solo invertirán en proyectos cuyas expectativas de rentabilidad sean muy altas.

Finalmente, las entidades financieras no dan créditos por:

–  Activos tóxicos: La morosidad y los créditos fallidos ha deteriorado mucho las cuentas de resultados de muchos bancos y cajas, hasta el punto de que algunas han tenido que  ser rescatadas por el Estado. Ante esta situación, el crédito es menor y las condiciones más duras.

Mayores requerimientos de fondos propios: La nueva regulación del gobierno y Basilea III (ver anterior artículo “Regulación de la solvencia bancaria”) aumentará los requerimientos de recursos propios de los bancos y cajas  y su nivel de apalancamiento será menor y, por tanto, el crédito será menor y a más corto plazo, ya que también habrá determinados requerimientos de liquidez.

En definitiva, parece que estamos ante un circulo, en este caso, maléfico de la economía,  las familias no consumen porque están endeudadas, las empresas no invierten porque no hay consumo y no tienen crédito y las entidades financieras no dan crédito porque las familias y las empresas no pueden pagarlos.

Tal y como indicábamos en el anterior artículo, la solución sólo puede venir por el aumento de la demanda exterior. De hecho, en el último informe del Banco de España destaca que el débil crecimiento de la economía del último trimestre, 0,2 % del PIB,  ha sido liderado nuevamente por la demanda exterior y destaca que “una parte de la mejora de las exportaciones netas obedece al esfuerzo de diversificación que están realizando las empresas españolas en el exterior, así como al incremento de la calidad y de la competitividad de la oferta turística”.  Es decir, la solución a la crisis pasa por el consumo, pero en nuestro caso por el consumo exterior, nosotros ahora tenemos que pagar la fiesta de los años anteriores.

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El problema del desempleo dentro del euro

 

Fuente: INE

Según la última Encuesta de Población Activa (EPA) el número de parados ha alcanzado la cifra de 4.910.200 durante el  primer trimestre de 2011, máximo histórico, lo que supone una tasa de desempleo del 21,29% de la población activa. Tradicionalmente, la economía española, solamente ha creado empleo creciendo a tasas superiores al 2%-2,5%. Según las previsiones del gobierno, el Producto Interior Bruto crecerá este año el 1,3%, con lo que, siendo  esta previsión optimista, la senda del crecimiento del empleo se ve todavía lejana. Si bien técnicamente no estamos en recesión, la economía no termina de despegar. Todo parece indicar que la curva que el PIB está dibujando se asemeja bastante a una “L”, es decir, durante los primeros años de la crisis hubo una caída importante del PIB y en la actualidad hay crecimiento muy débil, casi plano. ¿Qué instrumentos tiene el gobierno para acelerar el crecimiento? La política económica básicamente cuenta con dos instrumentos para reactivar la economía, la política monetaria y la política fiscal. Analicemos estas dos políticas en el contexto español y europeo para determinar los posibles pasos a seguir y el margen de maniobra que tiene el gobierno actualmente.

Política monetaria

Consiste en aumentar la oferta de dinero lo que implica una bajada del tipo de interés con la intención de reactivar el consumo y, por tanto, de la demanda interna. Unos tipos de interés más bajos también implican que la moneda nacional resulta menos atractiva a los inversores extranjeros y por tanto provoca una devaluación de la misma. Como resultado, a corto plazo aumenta nuestra competividad exterior y por tanto exportamos más. Esta ha sido la manera tradicional que ha tenido España de enfrentarse a las crisis de demanda, bajada de tipos con lo que aumenta el consumo, se devalúa la moneda, aumentan las exportaciones, crece el PIB y el empleo. A largo plazo esto implicaba un  aumento de la tasa de inflación con lo que ambos efectos se compensaban. Pero normalmente servía para mitigar la crisis a la espera de que la locomotora alemana empezara a tirar del tren europeo y que el turismo y la construcción empezaran de nuevo a repuntar.

Banco Central Europeo

Sin embargo, al estar integrados en la zona euro la política monetaria no depende del Banco de España, sino del Banco Central Europeo y tampoco es posible devaluar la moneda. ¿Qué implicaciones tiene esto? Pues que la política monetaria la determina el Banco Central Europeo en función de las necesidades y objetivos de la UE, principalmente de Alemania, y que si ésta comienza a crecer  y se perciben repuntes inflacionistas los tipos de interés comenzarán a subir, como de hecho ya está sucediendo. Por otro lado, la devaluación de la moneda y, por tanto, la mejora de la competividad a corto plazo tampoco ha sido posible estos últimos años atrás al estar dentro del euro y no tener una moneda nacional.

En conclusión, dentro del contexto euro, los gobiernos nacionales no pueden contar con la política momentaria como instrumento de su política económica.

Política fiscal

Consiste en aumentar el gasto público o disminuir los impuestos con la intención de aumentar la demanda interna a la espera de que la iniciativa privada se recupere. En España, al igual que en la mayoría de los países europeos, para mitigar la crisis aumentó el gasto público (recordemos el famoso Plan E). Al mismo tiempo dismunuyó la recaudación de las Administraciones Públicas al contraerse la actividad economica, con lo que el déficit fiscal aumentó hasta el 12% en 2009. Con el consiguiente aumento de la deuda pública y la penalización por parte de los mercados de deuda. Aumentaron los costes de financiación al percibir los inversores que el riesgo de la deuda es mayor y ha tenido como consecuencia el rescate de Grecia, Irlanda y Portugal.

En conclusión, el gobierno también tiene las manos atadas respecto a la política fiscal al estar las cuentas públicas bajo la lupa de los mercados de deuda internacionales. Por lo que el margen de maniobra en este aspecto es muy limitado, ya que, o se reduce el déficit fiscal o los costes de financiación aumentaran haciendo insostenible la financiación del mismo y  será necesario acudir a los mecanismos de ayuda y rescate de la UE y el FMI cuyo primer requisito o imposición será el compromiso de reducción del déficit.

¿Entonces?

Las crisis de deuda, en España no tanto de deuda pública, sino de deuda privada (particulares y empresas), son largas y muy complicadas. La demanda interna ha sido siempre el principal factor de crecimiento de la economía española, pero ahora difícilmente va a ser la locomotora de la economía.  Sin margen de maniobra en las políticas monetarias y fiscales, solo nos queda la demanda externa, es decir, aumentar las exportaciones para crecer y generar empleo. Pero para ello,  es necesario que nuestra economía sea más competitiva y productiva. Competitividad y productividad, son dos palabras que se utilizan mucho en los últimos tiempos. Pero ¿qué significan? Principalmente que nuestros productos y servicios sean mejores y más baratos en términos relativos para de esta forma aumentar las exportaciones. Los conceptos son sencillos, pero no así ponerlos en práctica. Veamos:

Línea de producción

–  Para producir unos productos o prestar unos servicios mejores, más atractivos y que generen mayor valor añadido (valgan más) se necesita inversión en investigación, desarrollo, innovación y formación. No es algo que se pueda realizar a corto plazo, sino que es una misión a largo plazo para la cual se pueden poner los cimientos ahora pero cuyos frutos no se recogeran hasta dentro de unas décadas.

– Productos y servicios más baratos es lo que se conseguía tradicionalmente con la devaluación de la peseta que realmente lo que implicaba es que a corto plazo bajaran los salarios reales al aumentar más rápidamente los precios que los salarios nominales. Actualmente no se puede devaluar la moneda con que el ajuste de los salarios reales va a ser más traumático y lento.

En resumen,  los gobiernos tienen muy limitadas las políticas económicas tradicionales y nos quedan unos años de ajuste duro y lento en los que va a ser clave la competitividad de la economía española que desgraciadamente a corto plazo solo se puede conseguir con el ajuste de los salariores reales. También podemos esperar que el crecimiento de los países de nuestro entorno, principalmente Alemania, reactive nuestro sector turístico y las exportaciones. Veremos.

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